viernes, 27 de marzo de 2015

Capítulo 13: "Las casualidades no existen"

Efectivamente Vicky se había encontrado con Juan Carlos, el mismo hombre que días atrás se preocupó por ella cuando la vio durmiendo en un portal y que más tarde le invitó a tomar un café.

Vicky pidio perdón a Juan Carlos por haberle molestado y quiso marcharse, algo que Juan Carlos no le permitió.

-¿Qué vendes? - le preguntó Juan Carlos.

-Nada nada. De verdad. Muchas gracias por todo. No quiero molestarte una vez más - respondió Vicky queriéndose marchar de nuevo.

-No te preocupes. No pasa nada. Adelante, pasa y cuéntame lo que me tienes que contar - dijo Juan Carlos invitando a Vicky a pasar dentro de la casa.

-Bueno, pues gracias en ese caso. También es casualidad, ¿No? - dijo Vicky algo menos nerviosa

-Las casualidades no existen. -espetó Juan Carlos

Vicky le enseñó a Juan Carlos las distintas ofertas de seguros y finalmente este aceptó un seguro para su coche, aunque lo hizo entre dientes y parecía más interesado en hacerlo por ayudar a Vicky que por necesidad de tal seguro. Vicky le entregó los papeles y formalizaron el contrato y cuando se disponía a irse Juan Carlos le quiso invitar a comer.

Existía una cierta tensión en el ambiente como ya había ocurrido en los anteriores encuentros. Era obvio. Así que Vicky agradeció la invitación pero la rechazó alegando que tenía que continuar trabajando.

Vicky creyó haber tenido suficiente con aquella visita a esa urbanización de la cual salió con 2 de los 4 seguros que necesitaba vender para pasar el periodo de prueba. Aún le faltaban 3 días y estaba convencida de que los conseguiría vender. Y así fue. Vicky se dio cuenta de las grandes dotes de comercial que tenía y se sentía cómoda en su trabajo. Fue tal el éxito que el miércoles mismo ya había vendido 4 seguros. Al llegar a la oficina y dar la noticia de que había cumplido con el periodo de prueba, el jefe de sección de Vicky le informó verbalmente que ya estaba contratada de forma oficial. Era vendedora con todas aquellas condiciones que habían pactado: los 600 euros mensuales más comisiones.

Aquel mismo miércoles Vicky fue a ver uno de los pisos que alquilaban y que le parecía acorde a su nueva situación. La arrendadora era una mujer mayor, tan amable que aceptó el poco dinero que tenía Vicky como fianza. Así pues al día siguiente Vicky formalizó el acuerdo con la señora mediante un contrato en el que Vicky se comprometía a pagar 350€ mensuales por el apartamento. Vicky no tenía cuenta en el banco; eso había quedado en su anterior vida. Y aunque la señora se extrañó, aceptó cobrar el alquiler en metálico.

Vicky se encontraba al fin en su nueva casa. En un barrio obrero de la ciudad de Barcelona. Con un piso de algo menos de 50 metros cuadrados y apenas sin muebles pero con la certeza de que su vida por fin se asentaba. Era feliz, pero sentía que le faltaba algo. Durante toda su primera noche en aquel piso no pudo dejar de acordarse de Juan Carlos.

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